Emperador Juliano


Esta ilustración a tinta coloreada por ordenador retrata uno de los bustos conservados del emperador romano Juliano, sirvió para ilustrar un artículo escrito por Joan C. Vilalta, de la revista Alecta sobre el mismo, en su primer número.

Juliano (331-363), sobrino del emperador Constantino, renegó del cristianismo y trató de hacer retornar al Imperio a las viejas virtudes paganas, creyendo así poder recuperar su antigua grandeza. Formado como filósofo y receloso de la confianza de su primo el emperador Constancio Cloro, fue destacado césar en Occidente. Desde la Galia, demostró ser un militar competente y brindó algunas de las últimas victorias militares romanas, contra los invasores francos y alamanes. A continuación y en medio de una disputa por el trono, la muerte súbita de Constancio evitó la guerra civil y facilitó el ascenso de Juliano. Una vez como emperador, acometió reformas para eliminar a la Iglesia Cristiana y sustituirla por un paganismo organizado. También emprendió cambios que mejoraron la economía del imperio y redujo el despilfarro que caracterizaba a la corte. Se ganó la enemistad de la población cristiana, muy numerosa donde estableció su gobierno, en Siria, con vistas a una campaña contra Persia.
Imbuido por su misticismo y creyendo ser un nuevo Alejandro, invadió Persia. Sus éxitos iniciales se borraron al no ser capaz de tomar la capital enemiga, Ctesifonte. Despues cometió varios errores que desmoralizaron a su ejercito, del que una parte ya le era hóstil por las disputas religiosas. En plena retirada fue muerto en la batalla. Algunos creen que pudo ser uno de sus soldados cristianos el que le asestó un lanzazo, para acabar con el emperador apóstata.
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